Plaza de la Libertad de Expresión

Hablar de la Libertad de Expresión nos remonta a uno de los derechos más trascendentales en la vida del hombre, con base en ella, el individuo puede expresar sus propias ideas y le sirve para que al estar plenamente informado, pueda tomar la más adecuada de las decisiones en su vida diaria.

La lucha por la Libertad de Expresión no ha sido fácil, Benito Juárez expidió alguna legislación tendiente a que los mexicanos se expresaran libremente, derecho que llegó casi al exterminio durante la época de Porfirio Díaz y quienes se atrevían a expresarse, sobre todo en contra del dictador, terminaban con sus huesos en la prisión y aún en las tumbas de los cementerios.

En la Constitución Política de México de 1917, se consagró el derecho a la libre manifestación de las ideas y durante la Presidencia de Miguel Alemán, se estableció el 7 de junio de 1951 como el día de la Libertad de Expresión en México y 65 años después, no podemos decir que dicha libertad tenga plena vigencia, si no, que lo digan desde ultratumba los muchos periodistas que han fallecido por ejercer ese derecho y con cuya valiente labor se afectan los intereses de gobernantes y poderosos.

Se ha identificado como un símbolo de la Libertad de Expresión a un individuo de una talla excepcional, su nombre, JUAN IGNACIO PAULINO RAMÍREZ CALZADA, comúnmente conocido como IGNACIO RAMÍREZ, quien se hacía llamar con el seudónimo de “EL NIGROMANTE” (El que invoca a los muertos). Nació en San Miguel El Grande, hoy de Allende, Gto., el 22 de junio de 1818 y falleció en la Ciudad de México el 15 de junio de 1879, fue escritor, abogado, periodista, poeta, político y destacado maestro.

El Nigromante en 1845, obtuvo el grado de abogado en la Universidad Pontificia de la Ciudad de México. A los 19 años de edad ingresó a la entonces famosa Academia Literaria de San Juan de Letrán, integrada por los hombres más ilustrados de la época, para ingresar a dicha organización, leyó un discurso en donde expresó lo siguiente: “No hay Dios; los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos” y estableció la conclusión, inaudita hasta entonces, de que la materia es indestructible, y por consiguiente eterna, lo cual causó un efecto explosivo, sobre todo en aquellos tiempos cuando ni siquiera había libertad de creencias y no obstante las protestas que su discurso provocó y el estupor causado en la Asamblea, fue aceptado y reconocido como un gran orador y más tarde, como el mejor escritor de su tiempo.

Ejerció como periodista y participó en la fundación de importantes periódicos de la época (Don Simplicio, Themis y Decaulión, El Demócrata, El Clamor Progresista, La Sombra de Robespierre, La Chinaca, La Estrella de Occidente, El Correo de México, El Renacimiento, El Siglo Diez y Nueve y El Monitor Republicano).

Tuvo una vida política muy amplia, colaboró con el gobierno del Estado de México, donde restableció el Instituto Mexicano de Toluca (ahí tuvo como alumno a Ignacio M. Altamirano) fue jefe político de Tlaxcala, Diputado Federal por Sinaloa, vivió en Baja California donde escribió artículos sobre las zonas perlíferas y canteras de mármol de aquella zona. En 1853 en la Ciudad de México, fue profesor del Colegio Políglota y por sus críticas a López de Santa Ana, sufrió prisión durante casi un año, encadenado de las extremidades, con el triunfo de la Revolución de Ayutla obtuvo su libertad y colaboró con Ignacio Comonfort y luego participó en la Guerra de Reforma al lado de Benito Juárez. Participó como Diputado por el Estado de México en el Congreso Constituyente de 1855-57, donde fue el más notable orador y una de las más grandes figuras del ala izquierda. Colaboró en el Gobierno de Benito Juárez, donde fue Secretario de Justicia e Instrucción Pública, desde donde creó la Biblioteca Nacional, ocupó también durante este gobierno el cargo de Secretario de Fomento.

Durante la Guerra de Intervención Francesa, combatió a los invasores mientras vivía en el Estado de Sinaloa, siendo desterrado a los Estados Unidos Americanos de donde regresó antes de la caída de Maximiliano, siendo encarcelado en San Juan de Ulúa y en Yucatán. Al restablecerse la República Federal (1867) pasó a ocupar el cargo de Magistrado de la Suprema Corte de la Justicia de la Nación, el cual desempeñó hasta su muerte, sucedida el 15 de junio de 1879. Su cuerpo descansa en la Rotonda de las Personas Ilustres de la Ciudad de México.

Aquí, en el centro de Zihuatanejo encontramos un busto suyo en un sitio llamado Plaza de la Libertad de Expresión, donde pueden presentarse eventos políticos o culturales, ahí se encuentran personas en su mayoría del sexo masculino, quienes ofrecen servicios de albañilería, carpintería, plomería, etc., algunos otros simplemente van a disfrutar de un asiento bajo la sombra de los árboles, a lustrarse sus zapatos o a comer alguna torta que elabora la esposa de mi amigo Goyo Nogueda, o a comprar productos que se expenden en el área comercial anexa a dicha plaza.

Si usted pregunta a algún vecino del centro de Zihuatanejo, ¿dónde se encuentra el busto de Ignacio Ramírez “El Nigromante”? seguramente nadie le dará razón de ello y sobre todo, porque ese monumento del que hemos hablado, no tiene ningún nombre que lo identifique y si pregunta usted por la Plaza de La Libertad de Expresión, muy pocos serán los que le indiquen donde se encuentra, ah, pero si usted pregunta a cualquier persona del centro o de alguna de las colonias de Zihuatanejo y aún de las poblaciones del Municipio, ¿dónde se ubica la “Plaza de los Huevones”?, muy seguramente todo mundo le dará razón y seña de ella, ignoro el por qué de ese epíteto, ya que, como lo dije, la mayoría de los que ocurren a diario a ese lugar, son de oficio trabajadores, muchos de los cuales no están trabajando por falta de ganas, sino por falta de oportunidades. Bueno sería que nuestras autoridades pusieran una placa con el nombre de la plaza y también que en el pedestal donde está el busto de Ignacio Ramírez, se pusiera su nombre y algunos datos biográficos suyos. Así, dicho lugar, sería identificado con su nombre oficial, lo cual veo difícil, ya que en el sentir de los zihuatanejenses el nombre de Plaza de los Huevones ha echado raíces muy profundas.

 

Una nota de RODRIGO CAMPOS ABURTO
CRONISTA DEL MUNICIPIO DE ZIHUATANEJO DE AZUETA
Cel. (755) 557 1049